Gracias por enseñarme…

Me enseñaste a no reservarme un te amo aunque solo reciba te quiero de vuelta, porque mi amor no se define por lo que me dan sino por lo que soy.

Me enseñaste a ver el lado positivo de todo, porque sino vivir sería muy duro.

Me enseñaste a valorar los detalles, porque allí también hay muestras de amor.

Me enseñaste a vivir con compasión, así puedo verte detrás de la violencia.

Me enseñaste que hay caminos que nunca debo tomar y patrones que no debo repetir.

Me enseñaste que siempre debo comprenderte, no te justifico, pero valoro de dónde viene y que no es desde la maldad.

Me enseñaste que la salud mental debe ser atendida, para vivir bien y amar sin daños colaterales.

Me enseñaste que ser bueno no es suficiente, se debe actuar conforme a eso.

Me enseñaste que aceptar a los demás tal como son es necesario para sostener relaciones.

Me enseñaste que juzgar no está bien, hace sentir mierda al juzgado.

Me enseñaste que la violencia es un camino sin fin, nunca pises su senda.

Me enseñaste que el maltrato nunca se borra, pero cicatriza y se aprende a vivir con ello.

Me enseñaste que hay muchas maneras de vivir y yo debo construir la mía.

Me enseñaste que el chisme roba tiempo, neuronas y la capacidad de progresar.

Me enseñaste que ser brillante no vale de nada sino se acompaña de bondad.

Me enseñaste que hay palabras que nunca se borran e imágenes que no salen de la cabeza.

Me enseñaste a luchar con el gaslighting y que mi percepción del maltrato y el abuso está bien, aunque digas lo contrario.

Me enseñaste que debo crear mi propia vida, no dejarme llevar por la de nadie.

Me enseñaste que se vive a la manera de cada cual, pero yo no paso a llevar a nadie.

Me enseñaste que hay códigos que nunca se rompen y que ser leal es la única opción.

Me enseñaste que el dolor puede hacerte sentir deseo de morir, pero la vida continúa.

Me enseñaste que puedo crear una vida diferente y que si lo anhelo lo logro.

Me enseñaste que la ansiedad se manifiesta con sumisión también.

Me enseñaste que no puedo cargar con responsabilidades ajenas, matan el espíritu.

Me enseñaste que no puedo ver con los lentes de nadie, es injusto con los demás, pero sobre todo, conmigo misma.

Me enseñaste que amarme debe ser profundo para lograr respetarme.

Me enseñaste que los límites deben ser claros.

Me enseñaste que no influyo en el valor de la vida de nadie y no puedo cambiar los deseos ajenos.

Me enseñaste a conocer la libertad a través de la prohibición.

Me enseñaste a no luchar por hacer entender mis principios, eso no se discute.

Me enseñaste que si algo está en primer lugar en tu vida es lo único que vale la pena y que te determina; por ello si las prioridades están claras, las decisiones no son difíciles.

Me enseñaste que si realmente nos esforzamos podemos alejar a cualquiera de nuestra vida.

Me enseñaste a vivir para mí y aunque hubiese preferido otro método de enseñanza, las lecciones no se olvidan.

934 480 Vale Rodriguez

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