Estas líneas están en mi mente desde hace mucho tiempo aunque mucho de mí no lo quiere dejar salir, estoy escribiendo mientras mi mente juega a distraerse, mientras el dolor aparece y el pánico a exponerme tanto se apodera de mí, sin embargo, desde que descubrí que escribir sana, me alivia y me ayuda a ordenar mi mente, la privacidad va pasando a segundo plano y el exponerme no es sinónimo de algo malo. También entiendo que no todos pueden entenderme pero ese no es el objetivo de este blog, ni de estas líneas, porque cada ser humano es tan único que ser comprendido nunca será posible en su totalidad.
Pero intentarlo y luchar por ser comprendido es tan agobiante que asfixia, acaba con la paz e incluso te roba las ganas de vivir, esas ganas de disfrutar lo que eres y ser tú, sin señalamientos ni prejuicios, pero, la realidad es que eso es imposible, cada persona se conforma de distintos paradigmas así que los prejuicios y expectativas hacia ti siempre existirán…
¿Y qué pasa con la asfixia? Me puse a buscar la foto para este post con tal de no seguir escribiendo, pero aquí vamos…
La asfixia te acaba, no poder ser tú, ser señalado, juzgado, incomprendido y jurar que el amor que recibes depende de gustarle a los demás y no de la magia de ser tú mismo ahoga, se transforma en un remolino en el pecho, constantemente te empiezas a señalar con la vara de otros, empiezas a dejarte y vas muriendo lentamente, cuando tu esencia muere, internamente el cerebro empieza a mandar alertas:
“y si no haces tanta falta”
“si vivir es así, no será mejor morir”
“si ser yo incomoda tanto, mejor dejar de ser”
Empiezas a coquetear con la muerte, visualizas el sentirla, magnificas lo que es y te inventas mil teorías que la hacen lucir espléndida, cada día la vuelves más sexy, mientras ella te envuelve y además te vende el dolor como recompensa a la vida que estás dejando de sentir, porque si vivir no te permite sentir, el dolor lo hará entonces.
Empiezas a imaginar, percibes que hay mil maneras, quieres una que sea verdaderamente eficiente. Te faltas el respeto, la mente te tortura, te refugias en nuevas personas, te aferras a manías, tareas, personas…
En mi caso siempre intenté darme una oportunidad y quise hacerle un hack a mi mente, al final había algo en esa niña, esa adolescente, incluso esa adulta que en las etapas que atravesaba esto le decía: “confía, lo vas a lograr, hay algo más.”
Gracias, vida y consciencia por permitirme frenar, por dejarme ver que sí se puede y entender que la salida es el amor, gracias a la vida he estado rodeada del amor esencial, ese que me ha brindado una mano y un refugio en esos episodios difíciles, ese amor en manada, en tribu, en red… Pero el verdadero cambio vino cuando entendí que el amor más importante es el amor propio.
Este amor me permitió entender que no importa lo duro, difícil o trágico que sea el panorama, lo incomprendida que sea mi persona, la vida sí vale la pena… Somos y seguiremos siendo siempre parte del universo de alguna manera, entonces, ¿Por qué no disfrutar esta manera actual y que llegue la siguiente forma cuando toque?
Esta manera humana, complicada, sentida, pero maravillosa, es espléndida, con altos y bajos, solo que tuve que aprender a fluir, aceptar, soltar… Aprender que la depresión pasa, todo pasa, aceptar que no puedo controlar nada y aceptarme tal cual soy, convivir con quienes me acepten, soltar las expectativas propias y ajenas, porque ninguna me corresponde, entonces fluyo con la vida y logro valorarla.
Y ¿Cómo logro fluir? ¿Cómo logro amarme? ¿Cómo logro valorar y valorarme correctamente? Con un trabajo interno muy profundo, doloroso, incómodo, a veces incluso, costoso, pero que vale 100% la pena, un trabajo en equipo, con la guía psicológica de profesionales, buenos y éticos, con medicina, con herramientas naturales, con una red de amigos y amores reales y que también fluyan.
Me tomó muchos años hacer este trabajo, pero lo logré, mi vida es mía, es valiosa y maravillosa, la muerte llegará sola, seguro también me enseñará mucho, pero por ahora solo lo que me permita disfrutar de la vida será lo que dejaré entrar en ella y lo que llegue solo, pero sea difícil, pues vendrá a enseñarme y siempre que lo requiera las terapias estarán para mí, porque además hay muchas formas de acabar con la vida, pero ninguna como cuando dejas de sentir y vivir lo que deseas.
Termino estas líneas con una sensación de paz en el pecho después de haber pasado por el llanto y muchas emociones… Pero antes de terminar, aclaro que ninguna línea hace apología al suicidio y que contar esto va acompañado de un abrazo largo y apretado para quienes atraviesan esto o lo han atravesado alguna vez.
Mi aporte son los comentarios donde pueden expresarse y compartirme lo que deseen, pero además el teléfono de una red de Psicólogos maravillosos que pueden ayudarte, busca ayuda, pídela, aquí hay personas dispuestas a darla, te juro que vale la pena.
Psiquered +56 9 4987 7993.
Email psiqueredspa@gmail.com
Con mucha honestidad,
Soy Vale Rodríguez.


Excelente blog, lleno de mucha honestidad que es algo que hace mucha falta en el mundo de hoy a todod los niveles.
Te felcito.