Ostracismo: el vacío como castigo.
El ostracismo se define como una práctica de exclusión social deliberada. Consiste en ignorar, expulsar o cortar todo vínculo con una persona como forma de castigo, control o corrección de la conducta. No hay golpes, no hay gritos, no hay juicio abierto. Hay algo más sofisticado y cruel: el vacío.
Ser excluido del círculo en el que creciste durante tantos años es uno de los procesos más hardcore que he enfrentado, aprender a soltar, vivir el duelo, convivir con el rechazo y resignificarlo. Al mismo tiempo, ha sido evidencia de mi valentía y capacidad resiliente.
En ese momento no lo veía, pero necesitaba una depuración total en vínculos, esta experiencia vino a mostrarme los reales, permitirme conectar desde lo que SOY, brindarme amistades honestas, como la de Freddy, quien me dijo: “ellos se lo pierden y quiero que entiendas que, así como nunca me importó si eras testigo, en el futuro no me importará si eres musulmana, allí estaré y hasta te acompañaré al templo que decidas ir, sin hacerme parte de esa religión; porque eso es la amistad ”.
La injusticia como herida psíquica.
Cuando sales de una secta, vives un encuentro traumático con la injusticia, te sientes víctima del control mental, manipulación, coacción, abuso en los vínculos y abuso de poder.
Los humanos tenemos particularmente creencias sobre el mundo y el yo; esto es lo que nos permite crear un mapa interno que le da coherencia a la vida. Según Janoff-Bulman, este sistema de creencias cumple una función adaptativa: nos ayuda a sentir que el mundo es comprensible y que nuestra vida tiene cierto orden.
Cuando el mundo deja de tener sentido.
Uno de los ejes de creencias que propone Janoff-Bulman es: la justicia, la noción de que las personas reciben lo que merecen y que lo que ocurre es, en algún nivel, justo.
Estas creencias surgen de necesidades psicológicas básicas: mantener coherencia interna, integrar nuevas experiencias sin desestabilizarse y otorgar significado a lo vivido.
Por esto, entre muchas cosas pertenecer a una secta es tan traumático, tu vida pierde orden, se desestabiliza e integrarlo es un trabajo arduo…
La rabia: dignificarla para no negarme.
Obviamente esto suma más rabia, ¿Cómo procesar esta rabia? Toca dignificarla como testigo de vida, estoy viva, después de intentar no estarlo y puedo sentir rabia, ¡SENTIR! Bendita rabia.
Y ahora, ¿Qué me comunicaba esa rabia? ¿Cómo lo integré? ¿Cómo vivo honrándola? Esta rabia venía a comunicar todo lo que ya no quería permitir, lo injusto, lo indigno, el control y la violencia psicológica… ¿Integrarlo? Es algo que aún hago, llevo un camino amplio, han sido años trabajando el trauma, la confianza, aceptando todas las sombras que nacen de allí y permitiéndome abrazarlas, tomarlas de la mano, avanzar con ellas a un lado… No me detengo, creo que esa es la mayor integración, la valentía, a veces voy llorando, otras tantas con mucho miedo, pero voy; me permito hacerlo diferente y acumular mis propias evidencias de vida, porque al final es mía y que sea como yo quiero que sea.
Eso a su vez es la forma de vivir honrándola.
La desconfianza como mecanismo de supervivencia.
Esta experiencia, junto con otras tantas han forjado una mujer que no cree en nadie, un bloqueo enorme y una duda constante de todo, información, personas, instituciones, grupos… Es un filtro hermoso y he aprendido a abrazarlo, desde la calma y no en angustia, porque si no ¡puta que es pesado!
Cuestionar: la herramienta que me salvó.
Aprendí a cuestionar por ese mismo método de estudio, de ahí nace la herramienta para salir. Cuestioné tantas veces la Biblia, su mensaje, su origen y cómo llegó a nosotros, el contexto histórico y socio-cultural. Me cuestioné todo y me liberé de mucho.
Resignificar lo vivido.
No todo lo vivido es malo, pertenecer a una secta, por más traumático que haya sido, forjó un montón de skills que hoy en día me acompañan y me dan ventajas… Hay hábitos en mí que empleo a mi favor, como por ejemplo: el texto diario pasó a ser una frase de Marco Aurelio en las mañanas para arrancar el día estoica. O mi método de estudio favorito: preguntas y respuestas, tal cual estudio de atalaya, ahora preparo mis guías y a cada párrafo le formulo una pregunta que me permita grabar lo que estoy estudiando y además explicarlo… La verdad es que todo suma y mi paso por la secta no es la excepción.
Dejar de agradar: Identidad sin permiso.
De las mejores cosas que me dejó el paso por la secta fue soltar el deseo de encajar; de hecho, este es uno de mis mejores filtros y escudos, quien rechaza lo que soy no tiene espacio en mi vida y que me odie quien no me merece.
El tiempo y experiencia forjó una de las cualidades que más disfruto de mí misma: No quiero encajar o agradar, lo que ves es lo que hay, quien se queda es porque quiere y conecta, desde la libertad y así los vínculos funcionan mejor.
La mujer exiliada.
Leyendo Mujeres que corren con los lobos, identifiqué esto: la mujer exiliada, una mujer que, a modo defensivo, pero injusto apaga el fuego de su alma, ya que ha sido víctima del destierro por ser quien es y esto puede ser tu condena o la liberación más arrecha de tu vida.
El ostracismo me permitió convivir con la mujer exiliada y encender todo el fuego de mi alma.
Reescribir emociones: Mi cumpleaños.
Hay creencias y costumbres difíciles de soltar, aprendí a odiar mi cumpleaños; todo empezó aquel último cumpleaños que celebré, fue mis 3 añitos y además de iniciar el camino en la secta mi papá se fue del país y por más de 2 décadas asocié ese día al dolor… Volví a celebrar un cumple a los 29, estaba rodeada de amor, mi papá estaba en Chile conmigo y fue espectacular… Al año siguiente mi vida no era ni la mitad de eso y fue otro cumpleaños en duelo, lo mismo los 31, pero el 2025 me comprometí a hacerlo diferente, disfrutarlo, celebrarme realmente, cambiar la emoción para cambiar el sistema de creencias y empezar a acumular evidencia de que celebrar la vida no es lo que aprendí anteriormente.
Fe y manifestación: volver a creer sin obedecer.
De las enseñanzas más hermosas en la secta: manifestación y fe, Pablo lo describe así “La fe es la certeza de que sucederá lo que se espera, la prueba convincente de que existen realidades que no se ven.” Heb. 11:1. Desde muy pequeña aprendí a aguzar este don biológico y hoy en día lo llevo a niveles arrechísimos.
Espiritualidad encarnada.
Cuando alguien vive esta experiencia es natural saltar de un extremo al otro, en mi caso mantener el equilibrio en ambos polos, pasearme por una perspectiva agnóstica, explorar diferentes manifestaciones espirituales, pero sobre todo, conocer mi espiritualidad, sentirla y encarnarla me llevó a confirmar lo que dijo Jesús y se registra en Mateo 5:3 “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, puesto que a ellos pertenece el Reino de los cielos”
Apóstata: reapropiar el estigma.
Apóstata: una de las etiquetas que sabía se me asignaría al dejar esta secta, con ello el ostracismo, una energía densa y mucho que integrar/procesar; sin embargo, era la etiqueta que anhelaba cargar y que más orgullo me daba en ese momento… Como dice Chuchú Bermudas: “No sigas la manada, busca la Mónada, el Reino de la razón es del apóstata” (Cría, 2022.)
La Puti Pastora.


Arrechisimo esto.