En mi viaje a la sororidad tuve que descifrar algunos patrones para autodescubrirme.
Fue así como entendí que en mi crianza hubo una enseñanza muy fuerte, pero que nunca resonaba conmigo por completo, es de esos paradigmas que entiendes, sigues, replicas o dejas que definan tus acciones. Se convierten en un valor incluso aunque no te pertenezcan, de esos parámetros que definen acciones, pensamientos y actitudes, pero, te avergüenzan o te hacen sentir mal contigo misma.
Esa creencia competitiva de que las mujeres se envidian, se pelean por un hombre, traicionan, que las mujeres se visten para las otras mujeres y que las mamás compiten entre ellas por demostrar cuál crianza es mejor y cuáles hijos también, si los hijos de fulana o zutana son buenos o malos, si el tetero o la teta es mejor, si parto natural o cesárea te hace más o menos madre, porque por alguna extraña razón las mujeres deben demostrarse unas a las otras que son mejores.
En mi infancia eso representó una incongruencia muy grande…
Ya que curiosamente este mensaje venía de otras mujeres, aunque no se siente como que pertenece a ellas, yo solo me preguntaba ¿por qué las mujeres hablan así de otras mujeres? Al mismo tiempo, entendía que así funcionaba, pero como que yo era diferente porque no lograba ser así de egoísta con otras mujeres o no se sentía bien serlo…
En mi adolescencia significó un poco de desconfianza a mis amigas…
Pero, al mismo tiempo la evidencia me demostraba que no eran tan así, entonces, empecé a cuestionarlo aún más… Por supuesto, también significó alguna actitud competitiva, es que no sentirlo parte de mí no quería decir que no formaba parte de mi sistema de creencias o que no actuaría erróneamente, aunque fuera una disonancia.
¡Lo maravilloso de cuestionar es que libera!
Empecé a cuestionarme qué era eso que me incomodaba de competir, conocí el concepto de sororidad, empezó una liberación… Cuestioné si esa competitividad era natural en las mujeres, conocí la naturaleza tribal en nosotras, estar en manada, crear tribu con mujeres que conectan desde el alma… Cuestioné cómo llegó este concepto a nosotras, conocí las herramientas sutiles del patriarcado… Sí, es que más allá de tus posturas es real que la vieja estrategia “divide y vencerás” funciona y mucho, entonces en un mundo donde la población femenina es mayor a la masculina, crear un sistema centrado en el hombre requiere dividir a las mujeres y ¿Qué mejor manera que compitiendo entre ellas? Nos distraemos en actividades competitivas y creemos que el enemigo es otro, una estrategia muy bien pensada y funcional, hay que admitirlo.
Ya en ese punto de mi adultez con claridad acerca del tema y con una creencia deconstruida, empecé a trabajar mi relación con las mujeres.
A entender y vivir la sororidad (que en realidad es muy sencillo, es natural, fluye, es una mezcla de empatía y dar lo que deseas recibir) cuando estaba embarazada, me juré jamás juzgar la forma de crianza de otras mamás, ha sido un trabajo hermoso y enriquecedor. Cuando emigré me propuse ser contención de otras mujeres que recién conocía, pero necesitaban ayuda y podía brindarla, me propuse jamás hablar del cuerpo de otra mujer, ¡qué trabajo tan espectacular! Sin saberlo me estaba llevando a mí misma a respetar el mío.
Me propuse respetar la sexualidad de cada una, ninguna es puta, o sí, pero ¿qué tiene de malo?
Que la sexualidad que no es para consumo masculino, es la que se juzga… Me propuse alentar a cada amiga que tengo, ser su porrista y hacerle saber que la admiro, porque sólo me puedo vincular con admiración, cada una de mis mujeres es admirable.
He trabajado demasiadas cosas en este aspecto, desde los detalles más simples, hasta las creencias más profundas, pero, una de las más fuertes es normalizar tanto o más que la competencia, la admiración, en 2020 realicé una colección en Donaire Accesorios de mujeres que admiro, muchas de ellas Testigo de Jehová con las que hoy en día no hay comunicación, sin embargo, sigo admirando esas cualidades en ellas y qué lindo es vincularse desde allí, porque aunque ya no estén sigo agradeciendo su paso por mi vida y lo que me enseñaron… Era una pieza por cada mujer, fueron 23 en aquel momento. Con elementos, formas, piedras y materiales que representaban esas cualidades que admiro en ellas. Las otras mujeres del grupo que no eran testigo, se me quedaron en Chile cuando emigré nuevamente y un montón se quedaron en “próximas colecciones” sin embargo tengo sus listas de cualidades y repaso constantemente lo que suman a mi vida…
Emigrar me alejó de aquellos mujerones, pero me ha permitido conectar con nuevas mujeres espectaculares, admirar muchas facetas de ellas, recibir sus consejos y contención, porque al vibrar en esa sintonía conecto con mujeres que admiran a las otras mujeres tanto o más que yo. He creado lazos y vínculos saludables, que recargan, que facilitan, que aligeran el propio caos, he creado relaciones donde somos las porristas las unas de las otras y el éxito de la hermana es alegría para la otra, donde crezco y te tomo de la mano para que lo hagas conmigo y viceversa…
Pero, el mundo digital también me ha dejado vínculos así y últimamente he pensado mucho en ellos, como Kathy, Zugny, María de los Ángeles… Mujerones que he conocido por unas causalidades hermosas de la vida y que sólo nos hemos visto o por lo menos nuestro mayor trato se resume a RRSS, nos veo crecer y tener procesos paralelos, admiro los suyos y aprendo de sus capacidades e inteligencia emocional…
Entonces lo confirmo, aquí está mi tribu, admirada, respetada, sorora, expandiendo nuestra feminidad sin competir o juzgar y sé que es lo natural y que cuando lo dejamos fluir la calma y las relaciones valiosas florecen.
Y no, no todas las mujeres son así, no estoy generalizando, por supuesto que he tenido experiencias menos placenteras, sin embargo sigo apostando a la sororidad, al futuro empático y saludable entre nosotras. Creo en las próximas generaciones llevando esto a niveles superiores y generando cada vez más redes seguras, creo en el poder de vencer este paradigma y reconocer en lugar de competir, disfrutar en lugar de envidiar y por supuesto soy consciente de que ser competitivo no es una cuestión de género y que la competencia es una distracción sistemática.


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