Celebrar desde la contradicción.
Llegó el Día de las Madres, una fecha muy hermosa. Confieso que, desde que me hice madre, me cuestionaba esta fecha estando dentro de la secta. Me llenaba de impotencia no celebrar algo tan natural, sublime y digno de honra como las madres…
Una tribu de madres diversas, sin juicio:
Cuando salí de allí, se convirtió en mi fecha favorita. Aunque la integración, como tantas cosas ha sido una ambivalencia. Por un lado, una mujer que ha compartido su maternidad con tantas madres diferentes, en tribu, sin juicios. Con esas amigas y hermanas del alma: las que dimos teta por años, las que dieron tetero desde el día uno, las que optaron por guardería y las que nos quedamos en casa con ellos un rato largo; las que tenían una red de apoyo más amplia y las que, aún limitadas, contábamos siempre con una mano amiga y sorora. Todas sin juicios y entendiendo que cada una da lo mejor que puede…
Cuando el vínculo con tu madre duele, el Día de las Madres duele…
Por otro lado, la mujer que quiere honrar a esas madres cada año y decirles «te amo, feliz día». Sin embargo, a su propia madre no se lo dice… La niña herida, la adulta también, que no mantiene la mejor relación con su madre y que se pregunta mil veces: ¿Cómo algo tan tonto como la religión puede separar un vínculo tan grande y puro como ese?
También está la que se juzga y dice: “Das lo mejor, pero quizás no sea lo mejor o suficiente para tu hijo”
La maternidad en soledad también es poderosa.
Y este año llegó una que, por primera vez, se regala algo especial por el Día de las Madres, tiene un plan para celebrar de ella para ella. Se reconoce, se aplaude, se honra a sí misma y valida que es tremenda madre…
Este año, en soledad (desde mi separación) ha sido especialmente retador (aunque su papá está presente) me he demostrado, vez tras vez, que puedo, que resuelvo, que cuido, que protejo. Que incluso esa decisión, aunque personal, lleva una gran carga de este rol: la mamá que entiende que es mejor padres separados e hijos sanos y felices, que una familia rota que haga daño a ese ser.
“Este año me siento especialmente poderosa, valiente y suficiente
para Miguel, aunque aún sanando heridas, integrando y
avanzando.”
Honrar a otras madres, incluso con el alma rota…
Este año decido decir por aquí: ¡Feliz Día de las Madres, mamá! Te honro y aplaudo, te agradezco demasiado y probablemente siempre habrá algo que sanar, pero también algo que enaltecer…
Amigas, suegras, compañeras…
Hoy, también quiero decir Feliz Día de las Madres a cada una de las madres que la vida me ha regalado en forma de suegra, amiga, compañera… que me enseña algo, me mima, me ayuda, es ejemplo y merece honra.
A quienes les duele este día: también va por ustedes.
Esta también va por aquellas amigas y compañeras que tienen una herida materna que arde, una relación ambivalente o rota con su progenitora; por aquellas que el exilio y la migración hoy separa o para quienes sus madres ya no están en este plano y extrañar les arde tanto que este día se volvió gris. Por aquellas que lo sueñan y no lo pueden alcanzar; por aquellas que el miedo abruma y que se creen “poca cosa” para sus hijos, hijas y familia…
“Este año decidí abrazarme como madre, aunque todavía me duela ser hija.”
A todas, un abrazo, luz, amor y honra.
Gracias.
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