La maternidad tiene tantas etapas como el mismo crecimiento de cada bebé. Es un viaje infinito de encuentros con tu personalidad, la de los infantes, tus gustos y los de ellos; te hace cambiar prioridades, ritmo de vida, replantearte la idea de futuro, empiezas a cuestionar todo lo que ya existe y te preguntas si hay una manera mejor de maternar porque siempre habrá cosas que no te calcen. Una voz interior empieza a susurrar que hay muchas más formas de hacerlo, hasta que el susurro se convierte en grito y ya no puedes ignorarlo, es allí cuando no puedes evadir más la intuición y empiezas a enfrentarla, aprendiendo de ella y dejándote llevar por la misma.
La maternidad está muy marcada por un tono rosa, ese donde la conexión de dar pecho es única, el amor lo puede todo y siempre tienes ganas de dar lo mejor de ti, además vas con una frase preinfundada, aquella que nuestras madres han sembrado en nosotras “cuando seas madre me comprenderás” en tono de “los reclamos no son válidos hasta que lo vivas y verás que tengo toda la razón”
Y sí, por supuesto que valoramos, reconocemos, copiamos conductas porque la experiencia nos abre la puerta a la empatía, agradecemos cada uno de los esfuerzos que se realizaron y entendemos que muchos pasos aunque erróneos o bruscos nos llevaron a donde estamos y eso sin duda es maravilloso. Sin embargo, hay una contraparte de esta frase, porque el ser madre también te hace comprender las sombras, las heridas, los vacíos de aquella infancia, maternar es un espejo, no se trata tan solo de ti como autoridad y sustento de una vida diminuta en desarrollo, también lleva mucho de cuestionar, desde esa niña interna, con carencias y heridas, conductas y métodos que no deseas replicar, empiezas por preguntarte qué tan correcto o bueno sea replicar algo, hay una sensación de “yo no quiero que mi hijo/a viva esto, sienta aquello o pase por aquí” porque la dualidad de la maternidad te hace pensar en la manera en la que te enseñaron que se criaba y cómo le hizo sentir a esa niña aquel método, la madre y la hija maternando desde su individualidad en un mismo cuerpo.
En ese mismo tono rosa se presenta aquella alarma que nos advierte que juzgar a la mujer que te dio la vida es inconcebible, pero aunque es cierto, no se trata de juzgar, plantarnos a escuchar ambas versiones es necesario, sí, escuchar a la niña que esperaba ser tratada de otra forma y con la mayor compasión entender desde dónde vinieron aquellas acciones de nuestra madre, porque te aseguro que siempre encontrarás una respuesta diferente a la maldad en la base de sus conductas.
Lo que hoy quiero decirte es que no hay maternidad perfecta y hay tantas maternidades como hijos, porque incluso cuando tienes más de uno vas a maternarles diferente a cada uno, entonces juzgar y compararse no es la opción, pero sí debemos escucharnos, conversar con nuestra intuición, entrenarla y confiar en ella; pero al mismo tiempo debemos escuchar nuestras heridas, atenderlas y sanarlas para entonces encontrar el equilibrio y formar nuestro propio criterio y método de crianza.
La maternidad no es siempre rosa, siempre soñada y no se trata solo de mantener con vida un ser y cumplir expectativas sociales para llenarnos de etiquetas asociadas a la calidad de madre que eres, la maternidad es una escuela dual que te hace crecer como mujer y atender a tu niña interior, que aquella generación que asumía lo impuesto no tiene nada que ver con esta y confío que la siguiente menos aún, estamos aquí en este momento de la historia para sanar y criar con más salud mental, social y física que las generaciones anteriores y no solo porque evolucionamos en cada época, sino porque el acceso a la información es tan grande que cuestionar y no indagar sería absurdo.
Lucha por oírte a ti y tus hijos/as, forma tus criterios, escoge tus modelos y atiende tu salud mental, una madre sana puede brindar un ambiente maravilloso a quienes la rodean…
A mis amigas y lectoras que están iniciando su camino en la maternidad no quiero decirles que es dolorosa, gris o solo difícil, pero sí que hay mucho que es importante y no nos enseñan a manejar, ni priorizar y que es la base de una crianza que aporte a la evolución del ser humano. Fallaremos, nuestros descendientes tendrán sus propias heridas y les tocará sanar, pero que no se trate de repetir, sino de seguir puliendo y puliendo detalles hasta alcanzar en el futuro mejor calidad de vida.
A mis amigas y lectoras con más años maternando, las abrazo, les recomiendo atenderse y escucharse, aunque hayan pasado en algún momento por alto su intuición, nunca es tarde para revisarnos y sanarnos. Ya no te juzgues más y tampoco te paralices frente al crecimiento, nadie nos da el manual, pero bien que podemos crear el nuestro.
Por último, te felicito, sé que lo harás y lo estás haciendo genial, no hay mejor madre para los tuyos que tú, cree que el universo sabe cómo manejar los detalles y este ser es el indicado para nacer de ti, haz que valga la pena y que la maternidad no te seque, te exprima, sino que te haga crecer y expandir tu amor y consciencia.


Dejar una Respuesta