Una actualización de aquella entrada donde expresé públicamente mi historia con el suicidio…
Evidentemente los detalles fueron escasos, me costó mucho sacar de mi intimidad aquella situación, me avergonzaba y me daba miedo exponer mi vulnerabilidad… Hoy en día, 2 años después, la sensación es tan distinta que merece una actualización.
En aquella publicación hablé de esa sensación de querer morir cuando dejas de vivir en vida, hoy puedo decir: qué maravillosa la sensación de querer vivir cuando conquistas tu vida, lo que no es sinónimo de que todo esté “perfecto” sino de aprender a surfear y realmente fluir con cada adversidad y dolor de la vida…
Hace poco conversaba con una amiga, donde concluimos que a veces hay que reconciliarse con que la vida es una mierda y sí, duele, pero es la vida y toca lidiar con la mierda y usarla como abono…
Siguiendo el punto anterior, en aquella ocasión mencioné que había aprendido a fluir y hacer el trabajo interno, en realidad era un engaño del ego que una vez más me hacía creer que ya manejaba algo, pero en realidad sigo aprendiendo a fluir, cada día me recuerdo que no debo ir en contra y desgastarme nadando contra corriente, que las emociones no se razonan, se sienten y luego se conversa con ellas a ver qué desean comunicarnos, es un proceso continuo, sigo aprendiendo, ensayo y error, como todo en la vida…
Me sigo conociendo y aceptando tal cual soy, en el último año he cambiado tanto que ya ni siquiera mi color favorito es el mismo y eso implica que me acepte en una nueva piel y que valore, respete y ame esas nuevas versiones. El compromiso es validarme, valorarme y permitirme explorarme.
En este año, la vergüenza de contar que tuve ideación suicida, varios intentos en distintas etapas de mi vida y que hubo versiones de mí que valoraban más la muerte que la vida se fue. Me atrevo a decir con la frente en alto, paz en el alma y la dignidad intacta, que fui y viví eso, que no me determina ni hace menos, que no es el arma emocional para permitir que otros me ataquen, me hieran o juzguen y que esa historia como todas en mi vida se pueden transformar. Este año me permití unirme a una organización para la prevención del suicidio, desde mi vereda y con mis aportes desde mi trabajo, pero con el empoderamiento que brinda hacer red y resonar con más personas que han padecido algo como yo, este año entendí que somos un montón y la vida siempre encuentra sus formas como dice Aixa.
Otra actualización es que aún no me he ido de todos los lugares y personas que son factor de riesgo y aún así he encontrado formas de manejarlo, me convertí en una acumuladora de evidencias, evidencias de que mi vida es valiosa, que yo lo soy, que la muerte no es la solución y también cambié varios paradigmas, entendí que no quería morir, sino que hay versiones de mí que necesitan hacerlo, así que cada vez que me siento sobrepasada le doy paso a eso que me está anunciando que algo debo eliminar, cambiar o matar… También aprendí a ver el patrón con antelación, porque la ideación e intención suicida no llega repentinamente, cuando mis tristezas se alargan demasiado, cuando la comida no quiere pasar de la garganta, cuando lo que me resulta placentero pierde esencia, cuando la pulsión de Thanatos se hace presente, allí me detengo, observo y atajo, a veces puedo hacerlo “sola” pero nunca deja de estar presente mi psicólogo y su bendita terapia, ese espacio donde suelto todo y canalizo ese mar en furia que trae ideas desenfocadas, pero he sumado algo que ha sido clave: mi red de apoyo, todos esos humanos con los que he conectado y a los que puedo recurrir en momentos difíciles recordando que no estoy sola y que esa parte de mi vida es más valiosa, me ha costado, por supuesto, es un proceso que se gestó en paralelo a salir de la secta y volver a migrar, soltar mi red y volverla a formar, entender que una parte de ella estará online y otra presencial, permitirme mostrar mi vulnerabilidad y abrir el corazón varias veces más.
Dos años después de escribir aquella entrada, he revisado sistemas de creencias que afianzaban la ideación suicida, como aquel que se formó a través de la secta al entender que “la vida que realmente es vida” no está en este plano, crecí magnificando la muerte y adorando a un personaje martirizado ¿cómo no iba a plantearme este escenario? Por distintas causas, había un sistema de creencias aferrado al dolor y la tortura y mi psique optó por entender que si me van a dar dolor puedo hacerlo yo misma y por completo, de manera radical. También me reconcilié con mi soledad, vine sola al mundo, sola me voy a ir, pero el camino, aunque sola, es placentero; conquistar mis guerras internas y valorar mi soledad ha sido más lindo de lo que puedo describir.
Dos años después, puedo decir que el camino sigue y que el trabajo se está realizando, que me aferro a la vida y que entendí que el propósito de vida innato es ese, desaparecer, morir y partir, pero mientras eso sucede le sumo otros propósitos a mi vida y me disfruto el camino, que no siempre es bonito, pero sí necesario.
Recientemente me perdoné, perdoné a la Vale suicida que se culpaba por muchas cosas, que se juzgaba por haber pensado así y entendí que me caeré muchas veces, sin embargo, eso no representa el final de mi camino. He aprendido a integrar, porque el trauma no siempre se entiende, simplemente se traslada a un lugar de aprendizaje, donde hoy me veo y me digo: Valentina, valiente, tuviste que ver la muerte de frente para transitar la vida y caminar con el alma en fuego, batallando mis guerras y agradeciendo el presente.


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