Creo fielmente en el destino que construyo.
Pues sí, creo sin duda alguna que en mi vida hay cosas definidas, como quienes serían mis padres, sin embargo, tengo el derecho y el deber de tomar todo lo que llega a mí y transformarlo para construir la vida que quiero…
Entender esto fue la clave para permitirme intuir, soñar y fluir. Cuando logré fluir pude conectar con almas que también fluyen, pero me tocó aprender a desprenderme de quien no me puede ver, quien no se permite admirarme y valorarme, algunas veces, fue y es difícil, los vínculos y apegos suelen ser un nudo muy difícil de soltar, pero vale la pena.
En la construcción de este destino me ha tocado transformarme atravesando dolor, humillación, maltrato y mucho más, por ello sé que no es nada fácil, pero la recompensa es maravillosa porque he obtenido un círculo de personas, que sienten el conocerme como una especie de suerte, que me dejan saber que, aunque me haya dolido atravesar todo eso, agradecen el atreverme porque así conectamos.
Cuando me acompañé de estas personas y creamos vínculos desde la admiración y el respeto entendí que solo estoy disponible para los seres de mirada atenta, gracias a quien no me ve, tengo la fortuna de conectar con quien sabe escudriñar en mi interior, fue así como una vez alguien muy especial me dijo: «Eres maravillosa, eres única, eres esplendida y quien no vea todo eso que eres, es lamentable porque se lo pierde pero no mereces a nadie que no pueda ver esto que yo veo».
Pero la lección más importante de todo este destino construido es que debe ser recíproco y ahora ando por la vida atenta, con mirada profunda y curiosa para admirar lo maravilloso de cada ser que me rodea, en este círculo privado y pequeño solo puedo decir: Gracias vida; gracias universo, por las personas MARAVILLOSAS, HERMOSAS, VALIOSAS que me permiten ser parte de ellas.


Tu si escribes hermoso vale, te amo.